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Encyclopédie des Nuisances, En nombre de la razón, 2001

Este texto se redactó el 12 de enero de 2001 y fue distribuido el día 8 de febrero en Montpellier durante el juicio a la « Caravana Intercontinental » en la que participaban José Bové y René Riesel.

ste 8 de febrero del 2001 (el sabotaje de un tipo de arroz transgénico experimental del CIRAD [1], por iniciativa de la « Caravana Intercontinental » [2]) marcaron, en junio de 1999, el punto culminante de la campaña llevadaa cabo durante casi dos años contra las aplicaciones agrícolas de la ingeniería genética. El objetivo perseguido era el de « llegar hasta el final lo que se empezó, pasando de los golpes de mano contra compañías privadas a las primeras ofensivas, necesariamente frontales, contra la investigación pública. No la investigación pública imposible de hallar a laque una virtud sui generis convertiría en santuario exonerándola de cualquier responsabilidad en este mundo tal como va, sino la investigación pública real, cogida con las manos en la masa que ella misma produce » [3].

La introducción de los « Organismos Genéticamente Modificados agrícolas » que hubiera pasado desapercibida sin esa clase de campaña de información, despertó en general gran indignación y un aura de simpatía envolvió a quienes se opusieron de tal suerte al nuevo umbral de la artificialización de la vida. Y es que con una dispersión tal de quimeras genéticas comenzaba a ser aplicado a gran escala el proyecto de someter irreversiblemente el corazón de la vida natural –su reproducción autónoma– a la lógica industrial; que esta esterilización se presentaba en la agricultura como un ataque a todos los antiguos vínculos con la naturaleza que se creían a salvo; y que, finalmente, reconfortaba pensar que existía entre los más directamente amenazados –los agricultores– una capacidad de reacción desaparecida en cualquier otra parte, que incluso podía tomarse como un detalle para con la seguridad alimentaria de los habitantes de la ciudad. Pero la tentativa de suplantar la naturaleza, de sustituirla por una tecnoesfera burocráticamente gestionable, solamente ha comenzado a ser juzgada por lo que es. La expulsión de la naturaleza, su confinamiento en unos cuantos parques multifuncionales protegidos, no sólo significaría el fin de todo el campesinado (en los lugares donde todavía existe) y de todo el saber adquirido en la apropiación razonable del medio, sino también el fin de la propia razón humana, la cual sólo puede constituirse encontrando, en forma de naturaleza exterior e interior del ser humano, un límite, es decir, algo que se le resistía: « ese afuera que el hombre necesita para no cerrarse consigo mismo, o sea, para no hundirse en el solipsismo, en el delirio lógico de la omnipotencia ». A contrario, ya se puede comprobar con sólo mirar a los niños criados « sin tierra »[4], con ordenador, en qué consiste la « formación » de un ser que no tiene ante sí sino al universo interactivamente maleable de las representaciones digitalizadas.

En el momento en que la dominación se propone, a base de ciegos experimentos genéticos, encerrar a la humanidad en una prisión tecnológica y después tirar la llave, los días están más contados que nunca. No a causa de la próxima venida de un improbable perfeccionamiento totalitario: no cabe la menor duda de que la tecnoesfera funcional que nos preparan [5] será tan segura como cualquier macrohospital ultramodemo gestionado mediante informática; sino debido a que cuando los hombres sean aún más dependientes –por no haber salido a tiempo y por propia voluntad del encarcelamiento industrial– quedarán muy pocas cosas en las que la libertad podrá ejercitarse, y en consecuencia, sucesivas debacles high tech nos privarán de las comodidades de la vida arfificial y nos arrojarán brutalmente a un mundo devastado. Los hombres, asustados por haber sido librados a sí mismos, debilitados, sin memoria y, por consiguiente, sin imaginación para hacer otra cosa bajo el yugo de la necesidad que no sea reciclar los vestigios de viejas sumisiones, ¿hacia qué nuevos protectores se dirigirán entonces?

Tras el ejemplo de los sabotajes de quimeras agrícolas, al tiempo que el desastre de un modo de producción se hace tan patente (particularmente con el desarreglo climático, cuyos efectos sobre la vida natural son más directos aún que los de las manipulaciones genéticas), se dan las condiciones para que una oposición antiindustrial surja y se declare como tal. Si no se extiende hasta abarcar al conjunto de todas las constricciones tecnológicas, el terreno de la lucha « anti OGM’ permanecerá ocupado, es decir parasitado por- diversos sucedáneos de crítica, que por otra parte se combinan con suma facilidad en la mantecosa retórica antimundialista: bien la denuncia complaciente al estilo de Attac [6] o Monde Diplomatique, en donde la indignación se santifica a sí misma como sumum de la conciencia sin que jamás nadie diga nada en contra de la vida moderna (bien al contrario, todos quedan boquiabiertos antelos espacios de libertad que abre el cibermilitantismo), y todavía menos en contra del Estado, al cual se remiten para instaurar, puede que algún día, la transparencia y la felicidad ciudadana; bien el consumismo ecológicamente correcto, que reclama « buenos productos », incluso una « vida sana », para poder continuar soportando la industrialización total del mundo (hay que ver hasta qué punto el corporativismo apenas disimulado de un Bové, procesado con Riesel en el proceso de Montpellier, contribuye a alimentar el ilusionismo publicitario de la agroindustria etiquetada de producto de la tierra); o bien, finalmente, el izquierdismo prolongado, siempre en busca de causas justas con las que sostener su bluff activista, y que por encima de todo no quiere reflexionar sobre las alternativas reales de la oposición a las necrotecnologías, prefiriendo remojar todo esto en su típica sopa de eslóganes « anticapitalistas » (tal izquierdismo « movimentista » [7] por otra parte sirve de buen grado como peón manifestante y masa de maniobra a los neoestatistas y « ciudadanistas », como se ha visto recientemente en Niza). En los diferentes consuelos ofrecidos por la falsa conciencia –pues resulta consolador pensar en un capitalismo que no fuera el mismísimo proceso de la mecanización del mundo, sino sólo su excrecencia mercantil–, encontrarnos un mismo compromiso ilusorio entre lo que hay que admitir por fuerza y lo que se quiere continuar creyendo.

Por lo tanto hay que llegar hasta las últimas consecuencias de la crítica si queremos combatir al racionalismo tecnológico en nombre de la razón (y no en el de una de las múltiples ilusiones de evasión individual del mundo industrial que esta sociedad insiste en proporcionar: espiritualidades sintéticas, naturismo sectario, irracionalismo iluminado, cibervida en el campo, etc.). Cuando un biólogo algo menos descerebrado que sus cófrades se da cuenta de que un hombre remendado genéticamente, con intercambio estandar de piezas defectuosoas, comprendido el cerebro, perdería « toda identidad, toda conciencia de sí » [8], conviene entender que solamente en la medida en que dicha « conciencia de sí » ya se ha extinguido, resulta posible plantear como si de una buena nueva se tratase la dependencia total prometida de las prótesis tecnológicas y mangoneos genéticos, sin ni siquiera ver que esta sórdida promesa es además una soberana mentira, como toda la seudomedicina que pretende adaptar el ser humano a un medio mórbido. Por supuesto, las chapuzas de la transgénesis fracasarán en llevarnos a nosotros, miserablemente inmortales, a un país de Jauja cibernético. Pero, ¿en qué estado quedará la « conciencia » de los hombres que esperaron todo eso, que aceptaron ser los dóciles cobayas de tales experiencias de criogenia in vivo?

Antes de que la presión de la necesidad acabe imponiendo sin más a la naturaleza moribunda los procedimientos de urgencia y decolocación del gota a gota (por ejemplo, de cara a la necesidad de adaptar los cultivos al nuevo régimen climático), todavía se recurre, con el fin de justificar el ensañamiento tecnológico, a la atávica e insaciable curiosidad humana, o incluso al gusto no menos inveterado del hombre por la aventura, la novedad, la variedad, etc. En realidad, un individuo sensato, es decir, cualquiera que no haya renunciado al uso razonado de los sentidos, no hallará nada que satisfaga o cuando menos despierte su curiosidad en esa empresa de simplificación que no procede nunca sino mediante la desvitalización, la esterilización metódica: nunca salimos del laboratorio, que lo abarca todo, y acabamos encontrando por doquier los mismos presupuestos mecanicistas y los mismos procedimientos técnicos ¿Y en esa uniformización lúgubre consiste la anunciada aventura? La aventura y el descubrimiento, consistirían más bien en la liberación de las trabas que imponen nuestras prótesis y nuestras pantallas, en el reencuentro con la vida de las sensaciones experimentadas, sin filtro digital, en el ir a pie hacia el reencuentro con el mundo de las necesidades materiales, de las realidades tangibles sobre las que uno puede actuar por símismo; consistirían también en el experimentar de paso las formas de comunidad capaces de escoger conscientemente tanto los útiles técnicos como los modos de asociación y ayuda mutua pertinentes. Y son también dichas comunidades, libres puesto que restringidas, las que prodrían realmente plantar cara a las urgencias quea partir de ahora impone el deterioro de la supervivencia administrada, mucho mejor en cualquier caso que la sociedad de la supervivencia administrada, mucho mejor en cualquier caso que la sociedad de masas apostando por el gigantismo, que no « resuelda » [9] los problemas más que amplificándolos.

Una crítica de la sociedad industrial no puede dejar de lado la refutación de todo el sistema de necesidades (recordemos solamente la forma en que las luchas antinucleares se marchitaron y desaparecieron por no haber cuestionado las necesidades que justificaban los excesos energéticos). Lo cual impone primero un claro desmarque de todos los progresismos , cortando en seco las discusiones metafisicas sobre el carácter virtuoso (o no) de la investigación científica, pública o privada: ¿con qué buenas intenciones o qué perspectiva de brillante porvenir podría acreditarse, si todos nos ahogamos bajos sus efectos? En el mundo del monopolio industrial y mercantil de las ciencias, las artes y los oficios, nadie es científico inocentemente. Por encima de una elemental solidaridad, el proceso de Montpellier puede ser la ocasión que se presenta para defender las mejores razones del sabotaje de las quimeras de Estado, las que van a tratar de oscurecer las previsibles tiradas sobre la « investigación pública » y su « control ciudadano ». Que cada cual tome sus disposiciones al respecto para que la insignificancia no tenga por esta vez el monopolio de la palabra, y que los que no tengan nada que decir no sean como de costumbre los únicos en expresarse. Sin lo cual la « movilización » por este proceso tendrá que añadirse a la lista de no acontecimientos fastidiosamente festivos, verbenas a la moda de Millau [10] y demás desfiles carnavalescos de buenos sentimientos.

Encyclopédie des Nuisances,
12 de enero del 2001.

 

<http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/nombreraz.html&gt;

 

 

NOTAS

[1] Centre International de Recherche Agronomique pour le Développement . [NdT]

[2] La Caravana Continental fue una iniciativa de la organización Acción Global de los Pueblos, que trajo a Europa a más de quinientos campesinos de la India, América Latina y Africa para reivindicar « un mundo en donde las colectividades locales controlarán la economía local, en donde la centralización de los poderes económicos y políticos desaparecerá, en donde el crecimiento económico y el consumo desenfrenado cederán el sitio a perspectivas sociales tales como la igualdad y la calidad de vida, en donde el militarismo y la agresión no serán sino un mal recuerdo » (Manifiesto de la Caravana Intercontinental). (NdT)

[3] René Riesel, texto para la revista L’Ecologiste, en su número de otoño del 2000, recogido en la nueva edición aumentada de las Déclarations sur l’agriculture transgénique et ceux qui prétendent s’y opposer, Ediciones de la Encyclopédie des Nuisances, París 2001.

[4] Es decir, sin vínculos con la naturaleza, como esos cultivos hors sol , que ocurren en un medio completamente artificial. (NdT)

[5] Por ejemplo, probando a echar limaduras de hierro en el océano austral afin de estimular la fotosíntesis del planton, y por consiguiente, aumentar su capacidad de absorción del anhídrido carbónico, con lo cual el incremento de los gases de efecto invernadero dejaría de ser un problema.

[6] La Association pour la Transaction des Taxations financières pour l’Aide aux citoyens, nacida en 1998, por iniciativa del mensual Monde Diplomatique , es la organización « ciudadanista » por excelencia que cree que con la imposición de la tasa Tobin a los movimientos internacionales de capital se logrará el idilio necesario entre Capital y Estado, base de la democracia. (NdT)

[7] Mouvementisme , nueva forma del militantismo izquierdista basada en la explotación político- mediática de conflictos relacionados con la marginación social de sectores importantes de la población -precariedad, paro, vivienda, papeles, derechos sociales, etc.- mediante la creación de asociaciones cuasivirtuales que pasan por movimientos sociales. (NdT)

[8] Artículo del New York Times Magazine citado en Courrier international , 21 diciembre del 2000.

[9] En francés, « resuelve » y « resuelda » suenan igual. (NdT)

[10] Manifestación de campesinos y ciudadanos ocurrida el 12 de agosto de 1999, en el curso de la cual un Mc Donald en construcción sufrió algunos desperfectos. Según los convocantes, se trataba de una acción simbólica contra el imperialismo económico y en defensa del hecho diferencial de los campesinos productores de queso roquefort: « Los ciudadanos entendieron que meterse con el territorio, la tradición y los productos de calidad con denominación de origen era lo mismo que ir contra la relación entre el campesinado, sus costumbres y el consumidor » (François Dufour, en El Món no és un negoci, Pagès editors, Lérida).(NdT)

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