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Miquel Amorós, Cuando lo real se vuelve ilusorio, 2002

I.- Esta época que ha visto desaparecer las huelgas salvajes, las barricadas callejeras y a la propia clase obrera que realizaba unas y construía otras, contempla peregrinos fenómenos como la huelga por delegación, la revuelta sin alteración del orden, los parados felices o el nacimiento sociológico de la ciudadanía. La disolución de la realidad en la sociedad del espectáculo suscita curiosas paradojas como la de un movimiento que no se mueve, una rebelión tranquila o un combate pacífico, que no podemos comprender en su naturaleza si ignoramos que la realidad está siendo sistemáticamente sustituida por sucedáneos, haciéndose cada vez más inaprensible, resultando que para la mayoría lo ficticio es lo real y lo verdadero, un momento de lo ficticio. Así pues no existe tal movimiento, no hay ninguna rebelión y nadie combate; existe, eso sí, la imagen, la pose y la coreografía.

II.- ¿Pero los 500.000 de Barcelona no prueban la realidad masiva de un movimiento contestatario « antiglobalizador »? Prueban la realidad de un espectáculo de masas, como los 150.000 que visitan religiosamente cada dos semanas al Camp Nou, o los 700.000 que el día 17 —¡al día siguiente!– se concentraron en Can Zam para ver y oir a algunos de los protagonistas de « Operación Triunfo ». Son grandes operaciones de consumo emocional que después de ocurrir dejan las cosas como estaban, como si nada hubiera pasado. Sus efectos, lejos de ser acumulativos, son regresivos. Es precisamente ese carácter inauténtico y consumista lo que atrae a la masa de participantes; si se luchara de verdad no vendrían. Los 500.000 eran bien reales pero no constituían un movimiento; eran una yuxtaposición de realidades parciales, imposibles de soldarse entre sí, incapaces de coordinarse, aptas sólo para amontonarse periódicamente. La idea de la « unidad » es una obsesión para los los promotores de tales eventos. Lo que éstos presentaban como « movimiento » era simplemente un simulacro de protesta integrada con el que conformar el pensamiento y la conducta de los participantes, a fin de convertirlos en esos seres estereotipados que llaman « ciudadanos ». La suplantación de la acción real por el acto simbólico, la caricaturización del enemigo, la ritualización del enfrentamiento, etc., son estereotipos de comportamiento mediante los cuales el consumidor de experiencias aprende a ver lo otros que quieren que vea. Aunque parezca cachondeo hay quien termina pensando que el mejor remedio contra las bombas es la ingesta de sardinas. En todo caso fuentes informadas afirman que es una de las « treinta maneras de decir NO a la Europa del Capital ». Esto no siempre funciona a la perfección y para resolver los problemas surgidos se apela a la moral « ciudadana »: cuando el participante ve que el emperador está desnudo y no se comporta como quieren que se comporte se le acusa de « incívico » y violento.

III.- En un capitalismo espectacular, donde desempeñan un importante papel los servicios, especialmente los relacionados con la comercialización de la cultura y la experiencia, el entretenimiento y la moda son el negocio mayor del planeta. Todas las acciones bajo su dominio se rigen por las reglas de la moda y tienden a convertirse en entretenimiento. La protesta no podía escapar a eso; es más, su éxito dependía de eso. Algunos detalles deberían habernos hecho sospechar. La primacía de lo « creativo » sobre lo efectivo, la necesidad convivencial de divertirse, el humor pueril, la preocupación por la imagen y el estilo, y sobre todo la extrema superficialidad con que se imita el atrezzo de luchas reales (cacerolazos, Reclaim the streets, Food not bombs…). En cuanto a las ideas, en esos medios era mucho más fácil hacerse con un pin o una camiseta que con un análisis medio coherente. Todo ello resultaba infantil y frivolo y no podía desprenderse de un cierto aire banal, lo que le confería un atractivo irresistible para el público juvenil, el cliente de todas las modas rompedoras.

VI.- El mundo colonizado por el nuevo capitalismo es contemplado por los consumidores de vanguardia como un escenario para jugar y en el juego manda la representación, el teatro. Por eso los gestos y los rituales son más importantes que los contenidos. La manifestación es una gran puesta en escena cuyo mensaje reposa menos en la consigna que en la dramatización. Se insiste en lo lúdico pero se está pensando en lo carnavalesco. Del juego se guarda la ceremonia pero la victoria contra el enemigo se consigue conjurando su imagen, es decir, por arte de mágia. Se está por el juego pero no se quiere perder. La actitud más observable en las manifestaciones antiglobalizadoras recuerda el sistema de jugar al fútbol que tienen los párvulos en que todos marcan goles y ganan de calle. La lógica antiglobalizadora es indefectiblemente triunfalista por lo cual los resultados han de ser siempre buenos y eso solamente la magia puede conseguirlo. Chesterton advertía al respecto en su libro « Ortodoxia » que « si apuesto he de estar obligado a pagar, o se pierde todo el encanto de la apuesta. Si desafío a alguno he de quedar obligado a batirme, o se pierde toda la poesía del suceso.  » Ese es el quid de la protesta light: los manifestantes detestan la poesía de los acontecimientos y se cuidan bien de que sus actos no traigan consecuencias reales. Aventura sí, pero sin riesgo.

V.- Lejos de encontrar una rotunda oposición, el capitalismo moderno parece reflejarse de diferentes maneras en el mundillo de la antiglobalización. Incluso diríamos más: no parece que haya contradicción entre las filípicas contra el capital y el empleo de ciertas maneras capitalistas. En 1986, una bienintencionada campaña para concienciar a la población americana del hambre en el mundo, Hand Across America, contó con el sosten económico de Coca Cola y nadie se rasgó las vestiduras, bien al contrario, fue el prototipo de las cadenas humanas posteriores. Grupos de espíritu mercantil avanzado como los Tute Bianche no dudan en esponsorizar sus desfiles y existen empresas especializadas en lograr subvenciones para las ONGs a cambio de un porcentaje. ¿Y qué decir de la banca ética, del comercio justo o de las empresas « verdes »? Por ahora lo alternativo carece de infraestructuras económicas serias, pero todo se andará. Realmente existe una moda, un look, un turismo contracumbres, algún que otro negocio en potencia —por ejemplo, la promoción de conciertos o la venta legal de maría— y un incipiente marketing de la experiencia combatiente. Pero lo fundamental es que desde ese mundo se oyen voces en favor del mercado y de la iniciativa privada, y las críticas van dirigidas más que contra el sistema capitalista, contra su mala imagen moral. Los grupos con función ideológica reconocida hablan sin tapujos de « otra globalización », de un capitalismo con rostro humano.

VI.- El llamado « movimiento contra la globalización » tiene según hemos visto la particularidad de que no es un movimiento ni está contra la globalización. Tampoco es demasiado innovador, puesto que lo que pide pertenece al viejo programa político de la socialdemocracia. No es rupturista puesto que habla de democratizar las instituciones y no de abolirías. No distingue entre clases sociales, ya que todo el mundo es « ciudadano ». Antigualla sacada del viejo liberalismo burgués, ciudadano es aquél sujeto que se preocupa por los asuntos públicos como si fueran asuntos del Estado. Es una página web, a fin de cuentas un fantasma, pero un fantasma estatalista. El Estado es su ectoplasma, es decir, el instrumento necesario — o el socio capitalista — para la realización de sus modestísimas aspiraciones: para controlar las transacciones financieras especulativas, adoptar « políticas sociales » y respetar el proteccionismo arancelario de países no desarrollados. Desea la vuelta a una fase anterior de la producción, aquella en que las contradicciones del Capital eran resueltas por el Estado, pero al mismo tiempo acepta la globalización, por lo que para superar la contradicción sueña con un Estado mundial. Ciudadano es aquél que no tiene ningún poder de decisión sobre su vida y no le importa.

VII.- Finalmente, este seudomovimiento, tan crítico con los déficits democráticos del sistema, no se distingue por un excesivo amor a la democracia interna. En efecto, su informalidad y volatilidad mantienen una cohorte de líderes oficiosos que constituyen una jerarquía muy real como se vio en Génova. Son una burocracia de militantes que controla los contactos y la información, disimulada bajo el ropaje de « portavoces », que redacta los comunicados, convoca los actos y toma las decisiones. Existe el precedente de los « movimientos sociales » de parados, indocumentados, sin techo, etc., de factura izquierdista. Por otra parte la lógica egoísta del consumidor impregna el espíritu del participante hasta tal punto que el primado de los intereses particulares sobre cualquier otra consideración excluye la posibilidad de una organización que no sea una « red », es decir, que no sea virtual. Pero no estamos ante la exigencia de una autonomía individual por encima de todo sino ante un acto generalizado de afirmación narcisista que paraliza cualquier intento de acción directa coordinada desde el « movimiento ». Jerarquía nebulosa y pasividad ciudadanista no son más que el reflejo material de la escisión entre dirigentes y dirigidos. Cualquiera puede estar contra la globalización pero en las mesas se sientan siempre los mismos y en la calle el servicio de orden vigila y reparte instrucciones. El « movimiento » no busca la participación igualitaria, bien al contrario, puesto que no es subversivo ha de obstaculizar cualquier proceder subversivo. Con la ausencia de debates concluyentes, la presencia de dirigentes y la inexistencia de compromiso firme nunca podrá constituirse una comunidad de rebeldes. La « pluralidad » bloqueará el diálogo y unilateralmente se impondrá el consenso, para que la parte más moderada — que suele ser la más burocrática y la más oportunista — marque la pauta. No podrán darse entonces procesos asamblearios que forjen la divisoria entre enemigos, elaboren un interés general y decidan el camino a seguir. Y nadie lo pretende.

VIII.- El llamado « movimiento antiglobalizador » cabe entenderlo como un conjunto de reacciones ante el desclasamiento producido por el capitalismo tardío, mayoritariamente en favor de la restauración de la política burguesa clásica. Llega a escena con voluntad de no ser un problema de orden público y rompe con las tradiciones de la lucha de clases. Su pacifismo declarado esconde un rechazo a la experiencia y el valor. Se muestra indiferente al pasado y hostil a la democracia de base. Presenta pues algunas similitudes con el neofascismo, otra reacción suscitada por la transformación de las clases en masas, que dicho sea de paso es ciudadanista y antiglobalizador.

Miguel Amorós

Notas para la charla del Centro Social La Trama en Zaragoza,

 el 4 de mayo de 2002.

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